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Quiero tirarme a un travesti

Publicado por , Filtros: 26 - 30 años - Chile - Mujer

Mi fantasía sexual es tirarme a un travesti y penetrarlo con un consolador y que él también me penetre, verlo cómo se lo mete a otro hombre y que el otro se lo tire a él, y tirarme a otras mujeres pero chiquitas onda 18 o mayores de 30.

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Al portero le gustan los travestis

Publicado por , Filtros: 26 - 30 años - Chile - Hombre

Estaba en mi trabajo (soy oficinista), un día de esos en que uno cree que nada va a pasar; hasta que la magia se hace presente en gloria y majestad.

Saludé a Monchito, el portero, quien hace días venía revoloteando de amor, ya que, según decía, había conocido al amor de su vida.

Aquella tarde, después de completar mis labores, bajé por la escalera al ver que el ascensor estaba en mantención, encontrándome de repente con lo que parecía ser, a primera vista, un chiquillo besando a otro chiquillo. No me agradaba el espectáculo y estar viéndolo me hacía sentir como otro ambiguo sexual siendo cómplice de la lasciva escenita. Como no me gustaba creer que por cada segundo que pasaba, me hacía más partícipe de aquel acto homosexualoide; decidí bajar rápido las escaleras, pasando por al lado de ambos, lo más alejado posible. Llegando al lugar donde se daba la vuelta para bajar hacia el primer piso, eché un último vistazo hacia atrás. Esa aureola de pelo en una cabeza llena de manchitas delatantes de senectud me hacía recordar bastante la calva nuca del conserje.

Y para mi sorpresa, su tarjeta de identificación colgaba de su traje azul, exhibiendo el nombre “Ramón”… Era el Monchito.

Rajé del edificio y tomé un taxi. Me fui tan perplejo que ni recuerdo si tomé el vuelto al llegar, por lo menos sé que llegué sin efectivo a mi casa.

Mi señora dormía plácidamente y yo, todo lo contrario, no pegué un ojo en toda la noche y creo que hasta me imaginé a Monchito con su acompañante, en un grado mayor al que había presenciado.

Al día siguiente, cuando entré estaba Monchito barriendo. Traté de pasar despacito, a sus espaldas, pero se percató y se volteó para saludarme. Balbuceé un “Hola” y estaba apunto de largarme por el ascensor para arriba, cuando oí una voz femenina. Giré para ver quien era y resulta que la mujer tenía el pelito cortito y vestía ropa varonil: Es más, tenía los mismos visos que tenía el chiquillo que había visto el día anterior, besándose con Monchito.

No cabía duda, la confusión había sido mía y el conserje, era el mismo tipo amachotado de siempre, saliendo con una mujer mucho más joven, agradable a la vista, aunque no muy femenina.

Obviamente, como en cualquier oficina, apenas llegué conté a todos acerca de la confusión que había tenido. Para lamentarme, justo cuando dije algo así como “Qué vamos a hacerle, si parece hombre la cabrita“, irrumpió la pareja de Monchito en el sitio, dándose por aludida de inmediato (sobretodo porque uno de mis colegas sabía su nombre y lo había dicho en innumerables ocasiones mientras yo contaba la historia).

La mujer pareció arder en furia y me empujó frenéticamente, impulsándome hacia una de las cabinas de la oficina. Una vez dentro, cerró la puertecita de vidrio y yo quedé sentado en la silla frente al escritorio. Me miró fijamente, la muchacha, sin decir una palabra.

Yo me esperaba una cachetada, esperable de cualquier señorita que ve atropellada su dignidad.

Para concluir, debo decir que la mujer, en vez de hacer lo que yo pensaba que haría, puso una mano sobre su pantalón y con la otra bajó el cierre. Dejó caer por la abertura una de esas largas y gruesas. La mujer, que en un principio parecía ser hombre y que luego pareció ser mujer, resultó ser una de las mezclas más bizarras habidas y por haber entre ambos sexos.

No se si sea pertinente contárselo a Monchito. Quizás nunca sabré si efectivamente piensa que es una mujer, o si de otro modo, tiene un gusto especial por los transexuales.

En todo caso, esta historia se queda en la cabina de la oficina y de ahí no sale.

Espero que tampoco salga de acá.

Saludos

Patricio