Rellenando botellas para bromear
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Este relato no es ningún gran secreto, pero cada vez que me acuerdo me cago de la risa.
Mi madre tenía un minimarket en las Torres de Carlos Antúnez en la década del 80 (El Campanario) con mis hermanos trabajábamos allí esporádicamente.
Mi hermano menor era muy parrandero y güeno pa tomar y pidió una botella de pisco a cuenta del sueldo para un carrete. Esa misma tarde agarré una botella vacía de las mismas, la llené con agua y las sellé con cola fría, de tal modo que quedó perfecta (salvo una pequeña marca en la tapa) e hice el cambio, para cagarme de la risa y contarle después.
A los dos días le pregunté acerca del carrete y me dijo que se suspendió y devolvió la botella al negocio.
Acto seguido, empecé a buscar la botella como huevón para no cagarnos a un cliente y ya no quedaban…también se había vendido.
La huevá no se quedó allí, esa misma noche vino el gallo que se había comprado todos los piscos para una fiesta y dijo “puta, si estábamos tan raja que tomábamos el pisco puro y lo sentíamos como si fuera agua de la llave ¿no me habrán cagado?”, ja, ja…(huevón borracho de mierda, iba todos los días pasado a escabeche).
Cuento aparte fueron algunas entregas a domicilio, esas sí tenían connotación sexual.
el botellitas
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