Abogado enamorado más allá de la muerte

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31 - 35 años,Chile,Hombre secreto corregido por

Soy abogado, trabajo en un estudio top, tengo buen departamento, groso auto, y en general monedas para hacer lo que se me pare la raja. No me he casado, y dudo que lo haga algún día. Moriré solo y triste. ¿La razón? Guardo conmigo un gran dolor, uno que jamás me dejará tranquilo.

Tuve una polola durante años. Nos conocimos en el colegio, y fuimos pareja durante mucho tiempo. Ya estando egresados ambos ella se ganó una beca para hacer post grado en el extranjero. Como yo tenía que estudiar para mi examen, además de hacer la práctica en la corporación, decidí quedarme en Chile para no retrasarme. Teníamos planes de casarnos a penas comenzáramos a trabajar. Partió a Italia a mediados de ese año, y si bien en un comienzo las llamadas eran diarias, luego de un tiempo comenzaron a decaer. De ahí vino un cambio de actitud radical: se molestaba cuando la llamaba, decía que le hacía perder su tiempo, etc. Pensé que era algo de la distancia, que cuando nos viéramos todo volvería a ser cuando antes. Vino para sus vacaciones, y si bien estuvimos juntos la noté distinta, como agresiva; no era ella. De ahí se fue, y casi no pude hablar con ella durante 6 meses.

Sencillamente no respondía. Volvió nuevamente, y prácticamente no me dio pelota durante esa temporada. Nos vimos una vez, nos acostamos, y la verdad es que en ese instante supe que todo estaba muerto: La relación había terminado.

Tiempo después supe algo que me derrumbó: Me estuvo cagando durante todo ese año y medio que duró su post grado con un weón holandés. Peor aún: la vieron con weónes distintos cuando vino a Chile, atracando tupido y parejo en bares y discoteques de Providencia. Asumo que tuvo sexo con varios de ellos.

Luego de eso me costó, pero asumí el cambio. Estaba ya trabajando, y el dinero me daba ciertas satisfacciones que suplían en parte su ausencia. La amaba incluso en ese entonces, y era doloroso porque lo que amaba era un fantasma, alguien que había muerto en Italia, por alguna razón que nunca llegué a comprender.

Pasó un año desde la última vez que la vi, y estaba teniendo onda con una muchacha que conocí en un almuerzo de trabajo, abogado igual que yo, pero fuera de eso muy tierna, amorosa, bien parecida, graciosa: Todo lo que pido de una mujer. Estaba en eso, sin haber pasado nada aún, cuando la susodicha volvió a mi vida. Apareció fuera de mi trabajo con un sobre en sus manos, y una expresión de indiferencia que jamás se me borrará de la mente. Le pregunté qué porqué me daba ese sobre, y me dijo que lo leyera, marchándose sin decir más.

Lo abrí de inmediato: Era un test de elisa, donde arrojaba resultado de VIH positivo para su persona. Dentro del sobre venía una carta de su puño y letra, donde me “recomendaba” hacerme el dichoso examen, porque según sus cálculos se había contagiado en Italia, y tuvo relaciones conmigo durante ese intervalo de tiempo en el que realizó su post grado.

Una parte de mi murió aquel día. Terminé de inmediato el prospecto de relación que tenía, y caí en una profunda depresión. Estuve 2 meses encerrado, sin hablar con nadie. No quise hacerme los exámenes, y cuando decidí salir fue solo para trabajar, sin pensar en nada más. De ahí cambió mi vida: llegué a trabajar 14 horas al día. Con el tiempo el dolor comenzó a desaparecer por sí solo, y un día luego de una borrachera que tuve en soledad, decidí hacerme el exámen en tres clínicas distintas de santiago.

Y así pasó harto tiempo, casi 2 años. Nunca fui a buscar los resultados de los exámenes: Morir era solo una posibilidad más, y la tenía asumida dentro de mi vida. Un mes de otoño recibí una llamada: La madre de mi ex novia, quien llorando me comunicó que ella estaba agonizando, que rechazó todo tratamiento durante ese lapso de tiempo, y que no había nada que hacer. Me pidió disculpas en su nombre, y dijo que ella había pedido verme antes de partir. Fui, casi como un acto de caridad, pero cuando entré a esa pieza me derrumbé:

Encontré esa mirada, la misma de la mujer que me amó en el pasado. Vi esas lágrimas recorrer su rostro, y la palabra “perdón” en sus labios repetida con insistencia. Lo acepté, la besé en la frente, y luego me marché. 3 días después falleció.

Decidí, luego de una petición expresa de su madre, ir a buscar mis exámenes. Los abrí solo en mi departamento, y los 3 dieron una respuesta concluyente: Negativo para VIH. Lloré amargamente, porque parte de mi esperaba morir e ir en busca de ese amor que en aquel último momento volvió. Exámenes posteriores confirmaron lo mismo: No tengo SIDA.

Y aquí estoy, solo, con mucho dinero, y con este dolor que no sanará jamás. Espero, sinceramente, encontrarte cuando me vaya de este mundo, y amarte nuevamente, como lo hice durante tantos años, y como lo sigo haciendo hoy en día.

Te amo.

Nota del editor: es como el borrador de una novela breve, una pequeña telenovela de la vida real. qué triste que hayas tomado esa postura. Por la forma en que escribes debe haber en ti mucha sensibilidad! suerte! animo! perdona y olvida no pases el resto de tu vida sufriendo, sólo vives una vez!

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