Mi alumna, mi amor

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26 - 30 años,Chile,Hombre secreto corregido por

Quiero creer que aquello que ocurrió posee algún sentido, y que no es sólo simple azar, un hado siniestro sin explicación ni fundamento.

Mi relato comienza en marzo de este año 2009 al llegar al colegio en donde trabajo. Siempre es lo mismo, los saludos, los convencionalismos de rigor, hablar (como si a alguien le importara) de las vacaciones, pero en esta ocasión estaba ella. Fueron unos ojos que de inmediato me cautivaron, a mis 29 años sentí así el quiebre entre lo que soy y lo que debería ser.

Avanzó en el texto y llegó al tiempo (una o dos semanas después) en donde las clases ya son sistemáticas y así llegaron las jornadas con los cuartos medios.

Ella, M, sentada en primera fila prestando atención y lanzando hacia mí su mirada como una invitación. Todo no era más que un resistir ético de mi parte, el intento de no pensar en utopía, un autojuicio ante lo que debía o no ser. He aquí el cambio. Una mañana (fresca aún en mi memoria) se me acercó y me dijo: “Profe, me encanta su perfume”. Ante tal declaración no asumí nada, pero pensé en todo. A la clase siguiente la misma sentencia, y ahora acompañadas de “usted me gusta, profe”.

Movido por un deber ético (creo ahora que sólo era la manera de quedar bien parado) le dije que no correspondía, que lo mejor era que no me dijera tales cosas.

Las semanas pasaron y esta situación se repetía una y otra vez (veía a ese cuarto medio sólo los días viernes). Yo por mi parte me resistía, pues era mi alumna, pero cierto era también que ella me gustaba.

Un día nos encontramos en la puerta del colegio y luego de lo que me dijo no tuve dudas acerca de la verdad de sus intenciones.

- Profe, la próxima semana cumplo 18 años- Dijo.
- En ese caso será legal, pero no ético- Respondí.
- En ese caso me cambio de colegio.

Fue entonces cuando me hallé ante la situación de estar a punto de cometer una estupidez. Pasó un mes y así nada más, sin pensar, o tal vez pensándolo demasiado, un día de mayo salimos juntos. No hubo mayor preámbulo, simplemente la tomé de la mano y la detuve para luego acercarla a mí y besarla. Allí sellé mi destino, había dejado de ser un profesor para pasar a ser un ilegal, un resultado no esperado, una anomalía.

Comenzamos una relación intensa, nos veíamos por las mañanas antes de las clases, y luego las tardes ella las pasaba en mi hogar.
¿Alguna vez alguien se sintió flotar mientras hacía el amor, mientras en un beso se dejaba de lado el nombre, la identidad, el sí mismo enteramente perdido? Nos veíamos cada mañana y los encuentros era tan extremos (ella en su falda toda llena de energía, yo en mi terno completamente perdido en ella) que alcanzamos el punto de llegar tarde al colegio, yo 15 ó 20 minutos, ella para desorientar, 30 ó 40 minutos, ni hablar de los días en donde con determinación faltábamos (yo a mi trabajo, ella a sus clases) y nos quedábamos fundidos en mi cama viendo el día declinar.

Pasaron los meses y al llegar las vacaciones de invierno todo estalló. Sus padres se enteraron y fueron al colegio a pedir explicaciones. Negué todo incluso cuando tenía una carta de renuncia entre mis papeles, si no la presenté fue porque ella así lo quiso, inclusive el que yo negara todo, no se atrevió a contar la verdad, no a sus padres. No me importaba nada, sólo quería estar con mi amada, dijimos amarnos y nos prometimos pelear contra lo que fuera, en este caso la dirección de colegio y su familia.

Finalmente se dispuso, idea del director del colegio que convenció a la madre de M, el que ella se retirara de mi clase, de lo contrario yo sería retirado de las clases. Se “retiró” para trabajar, y yo seguí con mis labores. Digo se “retiró”, pues al final del año se le repetirían las notas del primer semestre y su promedio se cerraría (todo esto como muestra de lo irregular del colegio, además de mi conducta claramente reprochable). Comenzó en su trabajo y al mes me confesó lo que sería el desastre, el pánico, la muerte. Ella que me había dicho estaba soltera no había sido sincera. Jamás dejó a su pololo. La perdoné con la condición de acabar con ello, y así dijo hacerlo. Por esta misma época sufrí un accidente que inhabilitó mi brazo derecho hasta ahora, estoy apunto de volver al trabajo recuperado, al menos, en lo físico.

Todo siguió su curso “normal”, pensé que ya nada podría separarnos (es curioso cómo el amor nos vuelve, o saca a relucir la idiotez, tanto así que no somos capaces de sacar conclusiones obvias). El tiempo se encargó de desmoronar el resto de nuestra relación. M terminó conmigo con el pretexto de madurar. Dijimos mutuamente que estaríamos solos, y ella, (mientras escribo no dejo de lanzar una risita de imbécil) a la semana estaba pololeando con alguien de su trabajo y yo nada más me quedé lleno de los recuerdos de a quien amo, sin saber bien qué hacer con lo sentido y que sigo sintiendo, sin paz.

Tiempo después, con cierta distancia respecto a lo vivido comprendo cuánta mentira hubo en todo, cuán insignificante fui a pesar del amor que dijo sentir.

Como último esfuerzo le escribí un libro, con el formalismo necesario (patético, ahora lo sé), pero ella me escribió un correo electrónico informando que ni siquiera lo había leído, que el libro había sido quemado, horrible final para un libro, luego me escribió nuevamente y me amenazó con llevarlo al colegio y arruinarme, cosa curiosa, pues el tan mentado libro se suponía ya no existía.

Nunca creía poder desconocer a una persona así. Siento ahora que de quien me enamoré ha muerto, que siempre tuvo una existencia inmaterial.

Casi sin más que decir agrego que he sido presa del destino. Con esto no pretendo justificar mi accionar, soy digno de recriminación, pero gustoso iría de nuevo por donde vine sólo para tenerla una vez más. Como decía el destino, este sábado 28 de noviembre pasé por fuera del colegio, estuve apunto de ir por otra calle, pero no, y me encontré ante la sorpresa de la graduación de los cuartos, misma de la que no tenía noticia. No creí que M estuviera allí, pero al ingresar llevado por la curiosidad me encontré con la que solía ser mi suegra (muy querida, no se piense lo contrario) y la que había sido mi amor entre los alumnos. Esperé su nombre, la vi avanzar y graduarse para nada más marcharme sabiendo que eso sería lo último.

Así las cosas nunca debí iniciar esto que fue y ha sido mi karma, no por el peligro legal, que estuve dispuesto a asumir plenamente, sino más bien porque siento con hondura el dolor y el pesar de seguir amando a quien ya no le importo más.

Martín
Pd. Dejó la dirección en donde se puede hallar el libro. Al menos que sea leído por alguien: http://lasfurias2009.blogspot.com

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